Por Nily Povedano

El nacimiento de nuevas formas de convivencia y de organización social - en las que lo local y lo global se entrecruzan- son un hecho. Ello modifica nuestras formas de pensar, de hacer y de sentir. Frente al virtual colapso de las estructuras tradicionales, las instituciones públicas y políticas están sufriendo mutaciones, y el estado afronta el desafió de redefinir su rol hasta ahora hegemónico. Es tiempo de convergencias, de consensos, de articulaciones sinérgicas entre sectores, para desarrollar en conjunto capital social ,incorporándolo activamente a las políticas púbicas , a los proyectos de desarrollo y al combate de la pobreza.

 

 

En un contexto turbulento y confuso como el actual, en el que los fenómenos todavía ni nombre tienen, resulta dificultoso visualizar con claridad lo que esta ocurriendo, imaginarse el nuevo escenario de los público , y mucho más hacer predicciones sobre nuestro futuro. Por eso es necesario, para avanzar en esta nota , establecer previamente ,desde nuestra visión, donde estamos parados .

 

No es aventurado afirmar, que en un mundo ,este mundo, en que la única certeza es la falta de certezas, se ha producido un quiebre civilizacional sin retorno, en el que ya nada es igual . La sociedad industrial ha quedado virtualmente pulverizada. Así lo muestran los distintos puntos de ruptura en el planeta - de los cuales nuestro país es solo un ejemplo - que ponen en evidencia los problemas más importantes de nuestro tiempo, como la exclusión social, la violencia, los desastres ecológicos, las enfermedades, los colapsos y la especulación financiera, los fanatismos territoriales y religiosos, las guerras.

Para explicar la crisis actual, decía el celebre físico Fritjof Capra, que hemos llegado a un momento de cambio dramático y potencialmente peligroso, a un “punto crucial” para el planeta en su totalidad. Necesitamos una nueva visión de la realidad que permita a las fuerzas trasformadoras de nuestro mundo, fluir unidas, como un movimiento positivo para el cambio social.

De alli, que el desorden, el desequilibrio y la incertidumbre, sean hoy las circunstancias normales de la vida - no las excepcionales -, y nuestro desafío es aprender a gerenciarlas, pero no intentar modificarlas. Los gobiernos tampoco garantizan el orden ni del equilibrio, ni aseguran la justicia social, ni el restablecimiento de la tranquilidad y la paz. Los marcos de adopción de decisiones públicas ya no pueden lidiar con dos factores claves de la sociedad cibernetizada y globalizada:

1) el cambio vertiginoso del entorno y 2) el incremento desmesurado de la información

Las estructuras jurídicas, políticas, y económicas tradicionales, se están cayendo, así como también Las formas de organización tradicional rígidas y lineales. El poder a la vieja usanza, no alcanza a dar respuesta a los múltiples requerimientos de la sociedad postindustrial, ni logran a manejar la complejidad. La ciencia que se erigió siempre en pura razón ,esta en crisis ; y las emociones y los sentimientos que han sido descartados por carecer de dimensiones cuantificables, están surgiendo.

 

Decía al respecto la Dra. Antonia Nemeth Baumgartner, de la Universidad de Cambridge, en su libro “Macrometanoia”, que” Es urgente la reconversión del Paradigma Reduccionista en el que estamos instalados ,para reemplazarlo por el nuevo Paradigma Evolucionario Autoorganizativo .Capra avanza sobre un paradigma integrador de ciencia y espíritu.

 

 

Hacia nuevas formas de organización social

Pero no solo son tiempos de riesgos y colapsos, sino también de trasformaciones profundas, y de oportunidades. Las relaciones formales orgánicas y jerárquicas regidas por normas estrictas, están siendo reemplazadas por crecientes procesos de autoorganización social y gestión comunitaria de intereses colectivos, a través de formas de cooperación espontánea y descentralizada. Su accionar se asienta sobre normas y valores compartidos, que permiten trabajar en conjunto para alcanzar objetivos comunes. La científica Elinor Ostrom concluyó en una investigación, que los grupos humanos en distintos tiempos y lugares, han encontrado soluciones al problema del bien común con una frecuencia mucho mayor a la que uno imagina. La mayoría de estas soluciones no implican ni la privatización del bien compartido, ni la regulación por parte del Estado, sino que muchas comunidades lograron establecer normas informales –a veces incluso formales- para compartir los recursos comunes de manera equitativa y sin agotarlos.

La aparición en nuestro país de múltiples actores nuevos, para muchos embriones de representaciones sustitutivas que desplazarán a las existentes, dándole un nuevo rumbo y contenido al sistema democrático, muestran esta relidad. A partir de ello el sector social adopta cauces diversos, inimaginables años atrás, por los que discurre la protesta popular, la obra solidaria hacia los desprotegidos, y las propuestas de cambio más innovadoras del colectivo. Hoy hay todo un potencial y una energía creativa, que no es lo que se ve. Pero que esta lista para emerger nuevamente ,cuando las circunstancias así lo requieran.

Hay dos datos interesantes que desde la ciencia alientan nuestra esperanza: Sabemos por los nuevos hallazgos científicos, que toda perturbación, mutación o evolución de las sociedades, se reordena y se retablece a partir de sus periferias; y también aceptamos que la predisposición del hombre al bien común en los grupos, no es sólo algo construido socialmente o producto de una elección racional, sino también producto de un cierto grado de altruismo y una tendencia a cooperar, que se hallan arraigados en el genoma humano.

La potencia de las redes

En este marco, las redes aparecen como una forma de organización intermedia, entre las fuentes jerárquicas y las espontáneas, y como una forma de coordinar una organización altamente descentralizada. Para que sean efectivas, deberán depender de normas informales que ocuparan el lugar de la organización formal. Es decir dependerán del capital social, teniendo en cuanta, según lo expresado por el premio Novel de Economía, Amartya Sen, que “los valores éticos de los actores de un país, son parte de sus recursos productivos”. Es decir, cuanto más capital social, mas crecimiento económico. Esto no significa desconocer la incidencia de los factores macroeconómicos, sino centrar la atención en las seis dimensiones de lo que entendemos como capital social: los valores eticos dominantes en una sociedad, su capacidad asociativa, el grado de confianza entre sus miembros, la conciencia cívica, la educación y la responsabilidad social empresaria.

Fuente: http://www.dialogica.com.ar/digicom/chiste.jpg

 

Lo cierto es que las redes importan una forma de vida diferente, una “ relación moral de confianza”, y son una herramienta de gran potencia para crear un nuevo estilo de ejercer la ciudadanía, una sensibilidad especial y una manera distinta de construcción social y participación política. La aparición de Internet, emerge entonces como el precursor de instancias de organización no jerárquicas, adaptadas especialmente a los requerimientos de un mundo complejo y con alto grado de uso de la información. También un medio de articulación de lo local con lo global.

 

Sin embargo la brecha tecnológica sigue marcando diferencias profundas en muchos países y regiones del continente. Para citar un ejemplo, en nuestra región, la Patagonia, un espacio vacío y vital de extraordinario potencial, que ocupa casi media argentina, con aposentamientos urbanos aislados y distantes entre sí, las herramientas tecnológicas son escenciales. Pero no estan. Desde nuestra institución, y en el marco de nuestros objetivos de promover el desarrollo y la integración de la zona mas austral el continente, hemos impulsado la creación de redes que operan simultáneamente en múltiples niveles y direcciones. Nuestra mayor apuesta ha sido al Tercer Sector , por entender, no solo que es el espacio convivencial apto para construir capital social, sino que seguramente son las candidatas a constituirse en vectores de un movimiento regional innovador, para proyectar al resto del país, sobre la base de un nuevo contrato social con el Estado y con las empresas, un modelo innovador de democracia basado en la cooperación, el altruismo, el auténtico interés por lo publico, y la sustentabiliad. Pero la vulnerabilidad institucional y las múltiples carencias de muchas de estas organizaciones (mas de 200) que integran la Primera Red Patagónica de ONG - tienen hoy enormes baches tecnológicos, demorando los procesos de interacción y de reciprocidad que deben existir en toda red. Ello plantea enormes desequilibrios ,que aspiramos a revertir, en cuanto al principio de igualdad de posibilidades para acceder a la información y a nuevas oportunidades de financiamiento y de capacitación.

 

La gestión de lo público: tiempos de convergencia

 

Nuevos modelos de gestión de lo público, basados en el respeto y en el estimulo a la diversidad, en la incertidumbre, en la comprensión de la complejidad, y en una mirada integradora de la realidad, van gestando instancias alternativas de acción, compartiendo, y en algunos casos reemplazando progresivamente, a un Estado cada vez, mas ineficiente, mas caro y mas lento. La nueva política registra este dato ,y se apoya para la gestión de los procesos en las modernas ciencias de la complejidad

Si cada uno de nosotros, lográramos dejar atrás los viejos modos de pensar y de actuar, y nos animáramos a cambiar nuestra visión de la realidad, y nuestras percepciones, tal vez podríamos aportar a la construcción de este nuevo modelo autoorganizativo - funcionalizado a través de redes de múltiples niveles y direcciones - que desde la periferia, promueva un proceso de transformación de las instituciones públicas y políticas (en municipios, provincia, regiones y nación. Dicho modelo, para que sea efectivo, debe estar centrado en la corresponsabilidad y en la convergencia de todos los actores sociales (sin exclusiones), y centrado en el altruismo, en la solidaridad, y en la confianza ,como valores.

Según la opinión de Ulrich Beck en la “ Sociedad del riesgo global”, los procesos decisorios requieren hoy no solo del Estado, sino de las empresas, del sector social, de la ciencia, de las comunidades religiosas... Por lo tanto, urge definir esas relaciones, y los modelos de articulación, es decir los modos de accionar y de resolver en conjunto los múltiples conflictos y desafíos que este nuevo escenario nos plantea provocativamente.

 

Por la Lic. Nily Povedano
Presidenta de la Fundación para el Desarrollo del Sur Argentino-FUNDeSUR
Secretaria de la Federación de Fundaciones Argentinas – FEDEFA

 

 

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